Imperfecto: Pigmalión, de Augusto Monterroso

imperfect tense practice spanish

Completa los huecos con la forma adecuada del imperfecto:

En la antigua Grecia existió hace mucho tiempo un poeta llamado Pigmalión que se ____________ (dedicar) a construir estatuas tan perfectas que solo les _________ (faltar) hablar.

Una vez terminadas, él les __________ (enseñar) muchas de las cosas que ___________ (saber): literatura en general, poesía en particular, un poco de política, otro poco de música y, en fin, algo de hacer bromas y chistes y salir adelante en cualquier conversación.

Cuando el poeta ___________ (juzgar) que ya __________ (estar) preparadas, las ____________ (contemplar) satisfecho durante unos minutos y como quien no quiere la cosa, sin ordenárselo ni nada, las _________ (hacer) hablar.

Desde ese instante las estatuas se ___________ (vestir) y se __________ (ir) a la calle y en la calle o en la casa __________ (hablar) sin parar de cuanto hay.

El poeta se ____________ (complacer) en su obra y las __________ (dejar) hacer, y cuando __________ (venir) visitas se __________ (callar) discretamente (lo cual le _________ (servir) de alivio) mientras su estatua __________ (entretener) a todos, a veces a costa del poeta mismo, con las anécdotas más graciosas.

Lo bueno _________ (ser) que _________ (llegar) un momento en que las estatuas, como suele suceder, se _________ (creer) mejores que su creador, y ___________ (comenzar) a maldecir de él.

___________ (discurrir) que si ya _________ (saber) hablar, ahora solo les ________ (faltar) volar, y __________ (empezar) a hacer ensayos con toda clase de alas, inclusive las de cera, desprestigiadas hacía poco en una aventura infortunada.

En ocasiones ___________ (realizar) un verdadero esfuerzo, se ________ (poner) rojas, y _________ (lograr) elevarse dos o tres centímetros, altura que, por supuesto, las __________ (marear), pues no _________ (estar) hechas para ella.

Algunas, arrepentidas, __________ (desistir) de esto y ________ (volver) a conformarse con poder hablar y marear a los demás.

Otras, tercas, __________ (persistir) en su afán, y los griegos que __________ (pasar) por allí las __________ (imaginar) locas al verlas dar continuamente aquellos saltitos que ellas __________ (considerar) vuelo.

Otras más __________ (concluir) que el poeta _____ (ser) el causante de todos sus males, saltaran o simplemente hablaran, y ___________ (tratar) de sacarle los ojos.

A veces el poeta se _________ (cansar), les ______ (dar) una patada en el culo, y ellas _______ (caer) en forma de pequeños trozos de mármol.

Answers

En la antigua Grecia existió hace mucho tiempo un poeta llamado Pigmalión que se dedicaba a construir estatuas tan perfectas que solo les faltaba hablar.

Una vez terminadas, él les enseñaba muchas de las cosas que sabía: literatura en general, poesía en particular, un poco de política, otro poco de música y, en fin, algo de hacer bromas y chistes y salir adelante en cualquier conversación.

Cuando el poeta juzgaba que ya estaban preparadas, las contemplaba satisfecho durante unos minutos y como quien no quiere la cosa, sin ordenárselo ni nada, las hacía hablar.

Desde ese instante las estatuas se vestían y se iban a la calle y en la calle o en la casa hablaban sin parar de cuanto hay.

El poeta se complacía en su obra y las dejaba hacer, y cuando venían visitas se callaba discretamente (lo cual le servía de alivio) mientras su estatua entretenía a todos, a veces a costa del poeta mismo, con las anécdotas más graciosas.

Lo bueno era que llegaba un momento en que las estatuas, como suele suceder, se creían mejores que su creador, y comenzaban a maldecir de él.

Discurrían que si ya sabían hablar, ahora solo les faltaba volar, y empezaban a hacer ensayos con toda clase de alas, inclusive las de cera, desprestigiadas hacía poco en una aventura infortunada.

En ocasiones realizaban un verdadero esfuerzo, se ponían rojas, y lograban elevarse dos o tres centímetros, altura que, por supuesto, las mareaba, pues no estaban hechas para ella.

Algunas, arrepentidas, desistían de esto y volvían a conformarse con poder hablar y marear a los demás.

Otras, tercas, persistían en su afán, y los griegos que pasaban por allí las imaginaban locas al verlas dar continuamente aquellos saltitos que ellas consideraban vuelo.

Otras más concluían que el poeta era el causante de todos sus males, saltaran o simplemente hablaran, y trataban de sacarle los ojos.

A veces el poeta se cansaba, les daba una patada en el culo, y ellas caían en forma de pequeños trozos de mármol.

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